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sábado, 28 de noviembre de 2015

Hace mucho que no escribo, y siempre empiezo disculpándome. Pero hoy no, hoy toca un cambio de rumbo.

La tristeza es algo triste. Algo desaforadamente triste que no te deja pensar. La tristeza es tan depresiva que no te permite tener la cabeza centrada en algo que se mínimamente razonable. Lo peor es que la depresión es simplemente un daño colateral de la adolescencia. Es algo que ocurre como periodo de tu vida, sin que puedas evitarlo, por mucho que lo intentes con terapia, pastillas, un magnífico y carísimo psicólogo o encerrado en tu habitación y concentrando tu mente a una única tarea simplona que no te haga reflexionar sobre la vida, porque si dedicas un segundo a pensar en algo, te deprimes más de lo que ya lo estabas antes. Esta transición, como todas, la pasan unos mejor que otros. Algunas personas tienen más suerte que otra y su mente nunca inmadurece del todo, sino que pasa de una infancia medianamente pensante a una adultez temprana y agraciada. Otros, por el contrario, tenemos la desgracia de vivir la adolescencia en toda su depresiva intensidad. No quiero explayarme en eso, no quiero describir mi adolescencia porque eso me pone aún más triste.
Lo mejor de la tristeza-adolescencia es que la felicidad que se vive es tan esporádica que te llena de mucho más gozo que cuando vives una felicidad continua, de la que apenas percibes que es felicidad hasta que ya es tarde, como pasa con todo. La felicidad es un sustantivo abstracto muy difícil de definir, en la RAE aparece de la siguiente manera:

felicidad.
(Del lat. felicĭtas, -ātis).
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad
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Pero en realidad es mucho más complicado e indefinible que eso. Sí, es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Ea, la felicidad está conectada a un bien ¿material o inmaterial? Sin concretar. También es una satisfacción, gusto, contento. Que son otros sustantivos abstractos que anulan la veracidad de ser usados como significado o como un sinónimo que explique lo que la palabra dicha quiera decir. Como tercera opción para comprender por último esta palabra nos la presenta como un adjetivo que acompaña a suerte. Suerte feliz no es más que una frase hecha e inútil que está puesta como una pretensión de que alguien entienda algo. Pero si describimos una palabra es completamente incongruente y estúpido que en una de sus definiciones aparezca esta misma como adjetivo. Obviamente un adjetivo quiere decir lo mismo que un sustantivo que provengan del mismo lugar y tengan una misma definición indefinible. Por lo tanto, ni la mismísima RAE sabe definir lo que es felicidad y a esto me atengo para decir que la felicidad es algo tan subjetivo que jamás llegará a ser entendida del todo. Cada individuo del planeta la vive a su manera y la siente de modo diferente al otro, por muy parecido que se tengan entre ellos. Ni siquiera dos gemelas vivirán la felicidad de un mismo modo, si fuese así pasaríamos a llamarlas drones. ¿Por qué digo esto? Porque la felicidad se plasma en la vida y pensamientos del ser humano que pasan a formar parte del carácter de cada uno de una manera que ni me imagino. Y si, como bien he dicho, uno no es feliz sí espera serlo de algún modo, siempre a su manera. Hay personas que son felices quejándose por todo, incluso por no ser felices. En este ejemplo se expone lo susodicho de que la felicidad es subjetiva, absurda, indefinible, abstracta, única y preciosa.
Hemos empezado hablando de la tristeza y la adolescencia y nos hemos metido de lleno en la felicidad. Quiero dejar este tema por un tiempo porque nos podría llevar demasiado tiempo llegar a explicar su perímetro de amplitud, que es a lo máximo a lo que podemos siquiera aspirar, y olvidaríamos otros aspectos incongruentes de la vida que me atormentan en mi desdichada, feliz, corta y fatalista vida. Un único punto más sobre la felicidad es porque he hablado de ella enlazándola con la tristeza y la depresión. Pues bien, a mi modo de parecer, la tristeza está siempre presente en nuestra vida y por ello debe abarcar a la felicidad, siempre de forma abstracta, difusa y generalizada. Nunca un sentimiento está dentro de otro, pero esquemáticamente hablando y desde mi mente racional y lógica que ve el mundo desde una perspectiva falsa y depurada, así es como he decidido expresarlo. Y también es absurdo que intente explicar un tema que he repetido hasta la saciedad es indefinible y por lo tanto inexplicable, pero el ser humano, y yo dentro de este grupo de seres vivos en el que me incluyo, desafortunadamente (pues ser un animal o una planta sería infinitamente más sencillo) es absurdo y no se puede esperar nada de él que no lo sea.

Siempre hago que empiezo un tema filosófico y polémico y no lo termino. Nunca lo hago. Creo que es el encanto de lo que escribo. Que empieza con la intención de ser algo grandioso y perfecto, el trabajo de mi vida, y que termina no siendo más que novecientas cuarenta y nueve palabras apenas correctamente escritas y enlazadas entre sí por una artista que quiere ser brillante pero que no sabe terminar un trabajo, que no sabe continuar con algo mucho tiempo. Una artista que aún es adolescente pero que es fatalista, hasta el punto de pensar de que si no escribe una obra maestra ya, no llegará a ser nada ni nadie en esta vida subjetiva, absurda, indefinible, abstracta, única y preciosa.