La tristeza es algo triste. Algo
desaforadamente triste que no te deja pensar. La tristeza es tan depresiva que
no te permite tener la cabeza centrada en algo que se mínimamente razonable. Lo
peor es que la depresión es simplemente un daño colateral de la adolescencia.
Es algo que ocurre como periodo de tu vida, sin que puedas evitarlo, por mucho
que lo intentes con terapia, pastillas, un magnífico y carísimo psicólogo o
encerrado en tu habitación y concentrando tu mente a una única tarea simplona que
no te haga reflexionar sobre la vida, porque si dedicas un segundo a pensar en
algo, te deprimes más de lo que ya lo estabas antes. Esta transición, como
todas, la pasan unos mejor que otros. Algunas personas tienen más suerte que
otra y su mente nunca inmadurece del todo, sino que pasa de una infancia medianamente pensante a una adultez temprana y agraciada.
Otros, por el contrario, tenemos la desgracia de vivir la adolescencia en toda
su depresiva intensidad. No quiero explayarme en eso, no quiero describir mi
adolescencia porque eso me pone aún más triste.
Lo mejor de la
tristeza-adolescencia es que la felicidad que se vive es tan esporádica que te
llena de mucho más gozo que cuando vives una felicidad continua, de la que
apenas percibes que es felicidad hasta que ya es tarde, como pasa con todo. La
felicidad es un sustantivo abstracto muy difícil de definir, en la RAE aparece
de la siguiente manera:
felicidad.
(Del lat. felicĭtas, -ātis).
Real
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Pero en realidad es mucho más
complicado e indefinible que eso. Sí, es un estado de ánimo que se complace en
la posesión de un bien. Ea, la felicidad está conectada a un bien ¿material o
inmaterial? Sin concretar. También es una satisfacción, gusto, contento. Que
son otros sustantivos abstractos que anulan la veracidad de ser usados como
significado o como un sinónimo que explique lo que la palabra dicha quiera
decir. Como tercera opción para comprender por último esta palabra nos la
presenta como un adjetivo que acompaña a suerte. Suerte feliz no es más que una
frase hecha e inútil que está puesta como una pretensión de que alguien entienda
algo. Pero si describimos una palabra es completamente incongruente y estúpido
que en una de sus definiciones aparezca esta misma como adjetivo. Obviamente un
adjetivo quiere decir lo mismo que un sustantivo que provengan del mismo lugar
y tengan una misma definición indefinible. Por lo tanto, ni la mismísima RAE
sabe definir lo que es felicidad y a esto me atengo para decir que la felicidad
es algo tan subjetivo que jamás llegará a ser entendida del todo. Cada
individuo del planeta la vive a su manera y la siente de modo diferente al
otro, por muy parecido que se tengan entre ellos. Ni siquiera dos gemelas vivirán
la felicidad de un mismo modo, si fuese así pasaríamos a llamarlas drones. ¿Por
qué digo esto? Porque la felicidad se plasma en la vida y pensamientos del ser
humano que pasan a formar parte del carácter de cada uno de una manera que ni
me imagino. Y si, como bien he dicho, uno no es feliz sí espera serlo de algún
modo, siempre a su manera. Hay personas que son felices quejándose por todo,
incluso por no ser felices. En este ejemplo se expone lo susodicho de que la
felicidad es subjetiva, absurda, indefinible, abstracta, única y preciosa.
Hemos empezado hablando de la tristeza
y la adolescencia y nos hemos metido de lleno en la felicidad. Quiero dejar
este tema por un tiempo porque nos podría llevar demasiado tiempo llegar a
explicar su perímetro de amplitud, que es a lo máximo a lo que podemos siquiera
aspirar, y olvidaríamos otros aspectos incongruentes de la vida que me
atormentan en mi desdichada, feliz, corta y fatalista vida. Un único punto más
sobre la felicidad es porque he hablado de ella enlazándola con la tristeza y
la depresión. Pues bien, a mi modo de parecer, la tristeza está siempre
presente en nuestra vida y por ello debe abarcar a la felicidad, siempre de
forma abstracta, difusa y generalizada. Nunca un sentimiento está dentro de
otro, pero esquemáticamente hablando y desde mi mente racional y lógica que ve
el mundo desde una perspectiva falsa y depurada, así es como he decidido
expresarlo. Y también es absurdo que intente explicar un tema que he repetido
hasta la saciedad es indefinible y por lo tanto inexplicable, pero el ser
humano, y yo dentro de este grupo de seres vivos en el que me incluyo,
desafortunadamente (pues ser un animal o una planta sería infinitamente más
sencillo) es absurdo y no se puede esperar nada de él que no lo sea.
Siempre hago que empiezo un tema filosófico
y polémico y no lo termino. Nunca lo hago. Creo que es el encanto de lo que
escribo. Que empieza con la intención de ser algo grandioso y perfecto, el
trabajo de mi vida, y que termina no siendo más que novecientas cuarenta y
nueve palabras apenas correctamente escritas y enlazadas entre sí por una
artista que quiere ser brillante pero que no sabe terminar un trabajo, que no
sabe continuar con algo mucho tiempo. Una artista que aún es adolescente pero
que es fatalista, hasta el punto de pensar de que si no escribe una obra
maestra ya, no llegará a ser nada ni nadie en esta vida subjetiva, absurda,
indefinible, abstracta, única y preciosa.
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