Corren los años 60 en Brasil, el
golpe de estado de 1964 deja huella en la población, empezándose a distinguir
los barrios que llegarán a ser conocidos como Favelas como agujeros de
marginación, violencia e injusticia civil. Esta obra se publicó en 1968,
durante esos años se reflejó un momento histórico caracterizado, inicialmente,
por el autoritarismo, por una rígida censura y autocensura arraigada. La novela
se desarrolló en la primera mitad del siglo XX, cuando encontrar trabajo era
asunto imposible y las condiciones y sueldos una vez lo consigues son pésimas.
José Mauro de Vasconcelos retrata su infancia como mezcla entre la sangre
nativa india (su madre) y la sangre de los colonos (su padre). Durante su
infancia no tuvo apenas dinero y vivió en el barrio de Bangú, en el que se
desarrollará la novela.
Es un documento social y un
retrato del Brasil más desfavorecido, el de la pobreza más absoluta. Contada en
primera persona y desde el recuerdo, Zezé conseguirá llegar fácilmente a
nuestro corazón. Este niño de apenas cinco años, está creciendo y conociendo el
mundo desde una inteligencia inocente, profunda y exploradora y con una
imaginación infantil muy bien representada. Zezé, según su familia y todo el
mundo, es un niño diablo. Hace travesura tras travesura y por ello recibe una
palizas en su casa que acaban haciéndole creer al él mismo su natural maldad
hasta tal punto, que para él, en navidad, no nace el niño Jesús sino el niño
Diablo. Cuando su familia se ve obligada a cambiar de casa por la pobreza
acontecida tras el despido de su padre del trabajo, Zezé hará un nuevo amigo,
Minguiho o su Xururuca, también conocido por su arbolito de naranja lima. Será
con él con quién juegue y se divierta y a él le contará todas sus desdichas y
sus gracias. Durante la historia se irá descubriendo que la persona que más le
quiere en la familia es su hermana Gloria (o Godóia), que es la única que le
protege de los golpes del resto de su familia. Pronto hará un nuevo amigo, el Portugués,
e irá con él en el coche más bonito de todo Bangú. Pero, un día, tras haber
decidido Zezé que su nuevo papá era este tal Portugués, que parecía quererle
más que el propio, el gran Mangaritiba (el tren) arrolló el coche de su amigo y
este murió. Con esta vivencia de la pérdida de un ser querido en un niño, el
lector se emociona casi como si le pasase a él: Zezé enferma gravemente, y, aunque
acaba recuperándose, nunca olvidará a Manuel Valadares, el Portugués.
Mi planta de naranja lima tiene algo de autobiografía con aires
picarescos y algo también de naturalismo filtrado por cierto realismo mágico
americano, todo ello en las palabras y los recuerdos de un niño maltratado por
el destino y que cree que tiene el diablo en la sangre. Esta obra es un obvio
reflejo de la literatura brasileña contemporánea que refleja una sensibilidad
hacia los desposeídos y un profundo amor y respeto por la naturaleza. En ellas
está presente la dureza de la vida en Bangú, la niñez en los barrios pobres, y otros
aspectos que el autor trasmite, sin renunciar a los regionalismos, en un
lenguaje claro y directo. El claro protagonista de la narración es Zezé, un niño
travieso pero inocente y muy inteligente, con una mirada clara que la vida se
encarga de enturbiar. Otros personajes son Gloria, su hermana, que le protege y
cuida y es quién más le quiere con ese carácter suyo tan protector y tierno, el
Portugués, o Manuel Valadares, que cuida y quiere a Zezé y se sorprende de la
crueldad a la que está sometido en su casa, Minguiho, su planta de naranja
lima, a la que Zezé le cuenta todo y con la que pasa grandes momentos,
Ariovaldo, con quién Zezé desarrolla su gusto por la música y con quién se
divierte yendo por las calles a voz en grito, y Luís, o el Rey Luís, su
hermanito y al que Zezé quiere muchísimo y protege así como enseña todo lo que
él sabe y aprende del tío Edmundo.
Vasconcelos escribió Mi planta de naranja lima en apenas doce
días, y yo me pregunto ¿cómo pudo escribir una obra de tal esplendor en apenas
doce días? Y eso, sólo me lleva a la magnitud de la maestría de este autor, en
cómo llega al lector en apenas 208 páginas y cómo retrata la niñez a la
perfección, con toda su inocencia y sencillez pero escondiendo una inteligencia
que florece poco a poco, tan lentamente como Vasconcelos se interna en tu mente
y tu corazón y te hace llorar y reír junto a Zezé.
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